9.11.07

padres e hijos


Os recomiendo la lectura de la entrada "35 años", con fecha de ayer (8 de noviembre), en el blog de César Mallorquí, al que podéis acceder pinchando en el enlace a la derecha de estas líneas. Reproduzco a continuación parte de mi propio comentario a ese texto:

"Qué difícil es ser hijo y, supongo, también ser padre debe de ser complicado. Mi madre, María, murió en el 2001 (yo ahora tengo 40, a punto de cumplir los 41); en 1993 escribí un soneto en esperanto (que ella nunca pudo leer) anticipándome a su muerte, y cuya traducción cito:

Madre

Tú me creaste. Yo te sabía eterna,
terrible y apaciblemente hermosa,
siempre de buen humor y, ante todo,
acompañante próxima e íntima.
Ingenuas ilusiones de la infancia
naufragan en mi mente zaherida.
Ha poco que me duelo de antemano:
te irás, y todo seguirá sin cambio.
Tiempo y vida son cáncer que acaricia.
La muerte nos obsequia con un lote
solidario de silenciosa pena.
Dirá una voz experta: "es necesario
resignarse a lo dado". Así lo llaman,
quizás como consuelo, — "madurez".

Y mi padre... mi padre murió en 1996, cuando yo vivía en Bruselas. Año y pico más tarde escribí el siguiente poema, esta vez bilingüe:

Anastasio

La última vez que lo vi fue cuando vino
a visitarme, por unos cuantos días.
Luego se fue. Si yo hubiera sabido
que sólo meses más tarde iba a morirse,
¿le habría hablado? No dijimos nada
salvo, tal vez, "En navidad nos vemos".
Una llamada nocturna trajo el mensaje,
una baraja colmó la noche infinita.
Hace un año que tengo que expresarlo.
No es posible callar y la métrica estorba.
¿Se puede comunicar una vivencia?
Jorge Manrique lo escribió hace siglos
en versos a la muerte de su padre.
Todavía no ha cesado el estupor.

Los dos murieron, por enfermedad o deterioro físico, antes de cumplir los 70. Y, claro, con ambos he soñado, de vez en cuando. Al igual que los antiguos romanos y que los japoneses y chinos de hoy en día, ésta es mi religión: el culto a los ancestros."