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13.6.12

Leopoldo II de Bélgica

Leopoldo II de Bélgica

(1835-1909)

Una plaza en Bruselas:
sobre un caballo negro
de bronce,
a horcajadas, con aplomo,
la estatua de Leopoldo,
el genocida rey de Bélgica
                                         y del Congo
magnate,
albañil,
apóstol de la muerte.

foto de M0tty
(lee aquí el original en esperanto de este poema)

16.4.12

Motivos de júbilo

¡Oh, dioses, protegednos de los gorilas,
de los chimpancés y los bonobos,
de los orangutanes,
que nos privan de nuestro hábitat,
que nos condenan a malvivir en ciudades inhabitables!

¡Larga vida, oh, al viejo rey de España
que caza (es decir, asesina por placer) elefantes,
los únicos animales, como nosotros los humanos,
capaces de mostrar duelo por un muerto de su misma especie!

¡Bienvenidos a Taiji,
localidad portuaria japonesa
donde cada año se capturan a escondidas jóvenes delfines hembra
para venderlas como esclavas a engañosos delfinarios con jaulas de agua
(no confundir con una sonrisa la curvatura fija de sus bocas)
mientras que a los delfines inservibles simplemente se los mata en masa!

¡Hurra!
¡Hosana!
¡Aleluya!







Fotos: 1 - 2 - 3

Lee aquí el mismo poema en esperanto

26.9.10

inocente carnicero...

... encarga grafiti animalista.

29.7.10

olé

Por si no teníamos bastante con el españolismo epidérmico de las banderas, las camisetas y los himnos telecavernícolas del mundial de fútbol, ahora, con ocasión de la prohibición del toreo en Cataluña, vemos reaparecer los "argumentos" de la derecha españolista más rancia en las declaraciones de políticos del PP y el PSOE, en los titulares patéticos de la prensa facha e incluso en la cobertura de la noticia en el telediario de TVE de anoche.

Yo fui rabiosamente antitaurino hasta el último año de la universidad (1989). Después he pensado durante muchos años que habría que dejar que fuera la propia sociedad la que poco a poco abandonara un espectáculo tan cruel, bárbaro e indigno (pero ya no creo demasiado en ningún progreso moral, cultural o educacional de la sociedad, al menos no de la española). Pues bien, recientemente, en la Feria del Libro, decidí firmar una petición a favor de la prohibición de las corridas de toros* como respuesta a la estúpida idea de Esperanza Aguirre de declararlas "bien de interés cultural".

Y reconozco que me alegro de que una decisión política, aprobada según la reglas de nuestro juego democrático en el parlamento de Cataluña, por iniciativa popular, con cierto debate previo, manifestaciones de uno y otro cuerno en las calles, y libertad de voto de los diputados del PSC y de CiU, saque de sus casillas al españolismo más carca, ése de la bandera rojigualda con el toro de Osborne en lugar del aguilucho o la gallina franquista.

* Por cierto, ¿por qué se llama "corrida" cuando se encierra al toro en una plaza para darle muerte, y "encierro" cuando se lo corre por las calles, como en San Fermín?

Para compensar tanta mediocridad e hipocresía, recomiendo la lectura del editorial de El País de hoy o este artículo de Público.


17.6.10

matanza de delfines en Taiji, Japón

Al entrar en una sala de cine abandona uno los trajines y ajetreos de la vida urbana para sumergirse en un espacio más allá del tiempo y las dimensiones habituales, como un templo. Ver un vídeo o un DVD en casa no es comparable a la experiencia de contemplar una película en la oscuridad del cine, solo ante la pantalla, dejándote llevar (perdón por la sarta de topicazos).



Es lo que he hecho esta media tarde, dejarme arrastrar al interior de los cines Verdi para ver el documental The Cove (la cala, o caleta), sobre la matanza de miles de delfines que, cada mes de septiembre, comienza en la aldea pesquera de Taiji, Wakayama, Japón. Masacre cuyo principal objetivo no es la carne de delfín (que, por otra parte, contiene demasiado mercurio), que también, sino la lucrativa venta de delfines a acuarios de todo el mundo donde malvivirán en cautividad, en cautiverio. Sólo os diré que la película muestra el difícil proceso, los diversos intentos de sortear todo tipo de obstáculos para rodar imágenes de una matanza que los habitantes de Taiji pretenden mantener en secreto, hasta el punto de que muchos japoneses de otros lugares desconocen que tenga lugar.



Os recomiendo ver este documental antes de que lo quiten, porque no tiene desperdicio. Desde las imágenes de los delfines nadando en libertad, la explicación de por qué han sido condenados a crueles espectáculos circenses, así como las acciones y palabras de personajes no sólo deleznables (como algunos japoneses que, desde sus puestos de trabajo de mayor o menor categoría, se empeñan en ejecutar, ocultar o justificar esa salvajada) sino también admirables, como el principal protagonista humano de la película, Ric O'Barry, capaz de asumir (es decir, reconocer e intentar reparar) errores cometidos hace varias décadas, el director Louie Psihoyos y el equipo de activistas que los acompañan (como bien dice uno de ellos, sólo se puede ser activista o inactivista).

Os dejo con un par de enlaces así como una canción del genial David Bowie o una extraña selección de música vagamente relacionada con el tema de esta entrada.





Ah, sí: no dejéis de ver las últimas imágenes, después de los créditos.