29.7.06

estamos en guerra


Disculpad que vuelva al mismo tema de los últimos días, pero es que "estamos en guerra". Un amigo de Bruselas escribe lo siguiente:

De acuerdo con tu carta y con la de Pilchik, salvo, en la de éste, la maní­a de la responsabilidad colectiva. No veo por qué tiene que sentirse avergonzado de lo que haga Israel, sólo por el hecho de ser judí­o. Yo me siento responsable de mis acciones y omisiones, no de la conquista de América ni de la Inquisición.

Estoy de acuerdo. Yo sentí vergüenza por la segunda legislatura de Aznar, pero vergüenza ajena.

Bromas aparte, se me ocurren una serie de ideas que dejo caer de una en una, sin pretender escribir un artículo ni ser exhaustivo. Quien quiera, que las retome y difunda (no hace falta que me cite):

Cuando el ejército israelí demolía la vivienda de la familia del autor de un atentado mártir o suicida, ¿no estarían preparándonos a la opinión pública para lo que sería su respuesta actual en Gaza y el Líbano?

De igual modo, la guerra de Iraq, iniciada por los Estados Unidos con el falso pretexto de la búsqueda de las inexistentes armas de destrucción masiva, se corresponde perfectamente con su creación de limbos jurídicos como Guantánamo, con las cárceles secretas y las exportaciones de sospechosos a países donde se los pueda interrogar y torturar sin remilgos.

Lo que molesta es que Israel aún pretenda ser "la única democracia de Oriente Medio", cuando por sus prácticas hace ya tiempo que se sitúa en el mismo nivel que Hizbolá, es decir, en el del "terrorismo" (en concreto, "terrorismo de estado").

En el caso estadounidense, ¿con qué cara se permiten exigir a Irán que no fabrique el arma atómica? (ellos, que poseen el mayor arsenal nuclear del planeta). ¿Por qué habría el Líbano de cumplir con las resoluciones de la ONU cuando Israel hace décadas que optó por desoírlas?

Tanto Estados Unidos como Israel se saltan, según les conviene, la legalidad internacional. De acuerdo, pero entonces que tomen ejemplo de Rusia o China y se abstengan de dar lecciones de democracia, civilización, valores compartidos y demás mandangas.

Lo que me hace recordar tres aforismos de Rafael Sánchez-Ferlosio (en el libro "Vendrán más años malos y nos harán más ciegos", de 1993):

El que quiera mandar guarde al menos un último respeto hacia el que ha de obedecerle: absténgase de darle explicaciones.

Lo llaman "perro" o "rata" para anticiparle encima la figura con la que un día podrán matarlo a palos.

Quien dice de su enemigo: "No entiende más lenguaje que el de la violencia" nos está descubriendo sin querer lo que, a su vez, de sí mismo se afana en ignorar: que él tampoco conoce otro lenguaje que ése. De lo contrario, no llamaría lenguaje al de las armas.