28.10.09

estramonio, Marcos Ana, Amenábar

Con respecto a la flor de la entrada de ayer, me habéis enviado todo tipo de nombres: datura, estramonio, datura de estramonio ("de preciosa floración y de un pedo de lo más terrible que se pueda tener con alucinaciones que pueden llegar a provocar la muerte", escribe una de vosotros), trompeta de Jericó y galán de noche ("y suelen ser flores de una sola noche", añade otra persona). Nuria, como desconoce su nombre, propone tres: "campánulas", "trompétulas", "chénulas" (¡olé!). Y no anda desencaminada porque, según la Wikipedia en español, otras denominaciones serían hierba del Diablo, hierba hedionda, higuera del infierno, floripón, burladora y chamico, o bien túnica de Cristo (¡vágame Dios!) y, lo que me agrada más, trompeta del diablo, que a su vez me recuerda a las babas del diablo o hilos de la Virgen (¡madre de Dios!) que hace cierto tiempo y en este mismo blog yo rebauticé como hilarañas. Así dibujó Linneo tan enigmática planta:



Antes de que se produzca la inminente proliferación masiva de e-readers (aparatos lectores de libros electrónicos o e-books), os recomiendo las memorias del poeta Marcos Ana, que pasó 23 años en las cárceles de la España franquista (por comunista), y al que tuve ocasión de ver y escuchar en Madrid hace algunas semanas durante la presentación de este libro:



Como bien dice Marcos Ana, de acuerdo en que pasemos la página de la Guerra Civil, pero primero habrá que haberla leído entera. También os recomiendo la película Ágora, de Alejandro Amenábar, un alegato muy acertado y necesario contra el fanatismo de cualquier pelaje.



Habrá quien la considere larga o lenta, y yo no estaré de acuerdo. Amenábar, como Ang Lee, no se deja arrastrar por el ritmo trepidante de la superproducciones jolibudienses. Aunque Ágora no sea una obra maestra o redonda, sí que supera en calidad, y con diferencia, la media de lo que se exhibe en nuestras pantallas. Como explicaba Amenábar en una entrevista, el filme admite diferentes niveles de lectura. Uno puede ver en el fanatismo de unos y otros creyentes (llamados "paganos" si creían en los dioses romanos y/o egipcios; "judíos" y "cristianos" si creían en un único dios, el suyo propio, respectivamente sin o con mesías e hijo de por medio) tanto a los talibanes que no paran de dar guerra como a los 50.000 individuos que se manifestaron recientemente en Madrid bajo el hipócrita eslogan de "Por la vida" para impedir que las mujeres puedan ejercer el derecho al aborto.



O puede uno, simplemente, recordar el asombro con que cada mañana se encuentra en el cielo de la gran ciudad al planeta ("errante") Venus, o, cualquier noche, a la luna y a Júpiter...