4.8.07

lectura palestina

Qué mejor título que Cactus para una lectura en Madrid en julio y agosto... Se trata de una novela escrita en 1976 por la escritora palestina Sahar Khalifeh, y publicada en España por Txalaparta en 1994 (si buscáis en internet la página web de la editorial encontraréis más datos; en cualquier caso, el ISBN es 84-8136-917-9). La tradujo mi amigo Javier Barreda y me la regaló por aquellas fechas. Durante años apenas toqué el libro, supongo que por la pereza que me inspiraba la lectura de novelas, de ficción en prosa, salvo para colocarlo durante un tiempo en el estante de libros con un pie fuera de casa (al que volverá ahora, una vez leído, para que quien quiera pueda retomar el testigo). Hace poco volví a fijarme en él y decidí rescatarlo y llevármelo, junto con otros tres libros, en el viaje a Finlandia, donde empecé a leerlo, 13 años después de su publicación y 31 después de su escritura. No se trata de una gran novela, de una obra maestra de la narrativa contemporánea bla-bla-bla, sino de un testimonio ficcionalizado de la vida, la mala vida, en la Palestina bajo ocupación israelí; de la guerra desigual que allí se libra, y del abandono de los palestinos por parte de nuestros gobiernos democráticos y civilizados; de las razones y los motivos de la violencia que ahora sacude esa región del planeta; etcétera. Habla de seres humanos sometidos, degradados, humillados, ninguneados por el cinismo insolente del estado de Israel, con el apoyo hipócrita e incondicional de los Estados Unidos de Norteamérica y sus vasallos europeos. Personas que, a pesar de todo, se rebelan o resisten, o intentan mirar para otro lado, o se resignan, es decir, que viven, cada uno a su manera, con sus condicionantes y convicciones. Ahora, tres décadas más tarde, tras los años de intifada, de opresión continua, de planes de paz y hojas de ruta, de falsas promesas y expectativas, las cosas siguen igual, si no peor. Me quedo con una frase de la página 74: toda esperanza absoluta es engañosa.