10.1.06

gracias de nuevo

Hola,

y gracias a todos una vez más por vuestro apoyo durante los últimos días, tanto a los que nos habéis escrito como a los que no habéis podido o habéis preferido no hacerlo. Tengo la sensación de que con mis circulares o crónicas del último par de años he ido tejiendo una red de afecto, de afectos; yo muevo mis hilos, vosotros movéis los vuestros...

Abandono la metáfora. Algunos me habéis preguntado por la celiaquía o intolerancia al gluten. Se trata de un trastorno que al parecer afecta, en mayor o menor grado, a un 10 por ciento de la población española, aunque mucha gente no sabe que lo padece; se debe al rechazo por parte del metabolismo de estas personas a la ingestión del gluten o, en concreto, de la gliadina, proteína presente en las harinas de cuatro cereales (avena, cebada, centeno y trigo) pero también, de manera subrepticia y clandestina, en embutidos, helados, salsas e infinidad de otros productos. Recordemos que la invención de la agricultura supuso abandonar los hábitos alimenticios de los cazadores-recolectores y pasar a una dieta en la que los cereales constituyen un porcentaje muy importante (en forma de pan, pasta etc); pues bien, muchos organismos todavía se resisten al cambio*. A mi madre se le detectó cuando ya rondaba los 50 años de edad, y falleció a los 68. En el caso de mi sobrina María, sin embargo, se supo casi desde el principio, lo que pasa es que se trataba de una enfermedad asociada a todo un síndrome o constelación de enfermedades, entre ellas la esclerodermia, la escleropoliomiositis y la atrofia muscular. Aun así, nadie se esperaba un desenlace tan abrupto.

* Hago un inciso: algo similar ocurre con la intolerancia a la lactosa, a la leche y otros productos lácteos; somos la única especie animal que parasita leche de otras especies y que, además, mantiene este hábito en la edad adulta. Cuando digo "somos" me refiero a los europeos de piel blanca y sus descendientes (americanos etc) principalmente; en Asia oriental el consumo de leche es infinitamente menor, lo que se corresponde con la mayor dificultad que tienen los asiáticos para digerirla.

Cuando murió mi padre, mi amigo Felip me dijo una frase muy importante: "cuando muere alguien querido, tu relación con esa persona no acaba; se transforma". Es así. Al menos, así lo he vivido y lo vivo todavía en el caso de mis padres. En cuanto a María, mi relación con ella no era tan estrecha, dados la menor frecuencia de trato y el hecho de que se tratara de una niña, con la inocencia en todos los sentidos que eso implica. "Todavía no ha cesado el estupor." Me pregunto en particular por todo el mundo interior que había podido construir durante estos diez años, sus capacidades lingüísticas (hablaba mallorquín y castellano), sus aficiones, su madurez en la aceptación cotidiana de la enfermedad, sus redes de afecto(s)... María deja recuerdos, deja fotos, deja una hermana menor de ocho años de edad, deja también un diario... Ah, que frívolas me parecen ahora algunas de mis elucubraciones sobre "la mente" y la identidad personal previas a la Nochevieja... En parte me parecen acertadas, pero intuitivamente también sé que no hilan fino, que dejan escapar más de lo que abarcan (pero, al fin y al cabo, qué más da; de lo que se trata es de ver las cosas de un modo distinto al que nos impone la rutina).

Hasta hace unos días, la frase de bienvenida que mostraba la pantalla de mi móvil cuando lo encendía cada mañana era "carpe diem et noctem" (algo así como "disfruta del día y de la noche"; por cierto, desconozco si el acusativo "noctem" es correcto y si podría decirse "noctemque"). Ya antes de Año Nuevo le comenté a un amigo que todos estos imperativos ("carpe diem, disfruta, busca la felicidad, no olvides que tu tiempo sobre el planeta es limitado etc"), además de angustiosos y angustiantes, no son sino el reverso metafísico-capitalista del "ora et labora" (reza y curra); sólo falta añadir: "disfruta, sí, pero sobre todo gasta, compra, consume, a ser posible en nuestros grandes almacenes, especialistas en ti". Es la típica mentalidad cuantitativa y acumulativa de la civilización occidental pseudocristiana y pseudorracionalista. Pues basta ya de dar órdenes e incluso de dármelas a mí mismo. Como bien dice el libro del Tao, la mejor acción es la inacción (versión andaluza: es bueno no hacer nada y luego descansar). Ahora bien, no me preguntéis por la nueva frasecita de bienvenida; os lo contaré cuando la cambie, si lo hago, tal vez dentro de algunos años.

Chen y yo hemos pasado los últimos cinco días en el norte de Taiwán. Primero en una ciudad puqueñita cercana a Taichung, luego en Taipei, donde, como de costumbre, hemos visto a amigos y puesto un par de kilos entre tanta buena comida.

Un fuerte abrazo,