1.6.08

el cuervo

Uno de mis animales favoritos, junto con la avispa y las arañas, es el cuervo. Tiene mala fama, no sólo por su color negro y porque no canta, sino sobre todo por culpa de la historia bíblica de Noé, el arca, el diluvio y la dichosa paloma con la ramita de olivo en el pico (por cierto, odio a las palomas de ciudad, verdaderas ratas aladas). El cuervo siempre me ha parecido noble y elegante. Dicen, además, que se trata de un pájaro muy inteligente, capaz también de imitar el habla de las personas, como los loros y papagayos.


Pues bien, recuerdo haberle oído contar a mi padre que su propio padre tenía un cuervo al que le habían cortado la parte inferior del pico de modo que no podía alimentarse por sí solo y tenía que hacerlo de la mano de mi abuelo. Éste llevaba al cuervo en el hombro, como si fuera el loro de un capitán pirata. El cuervo estaba suelto y podía volar en cualquier momento; de hecho, lo hacía a menudo, pero siempre volvía al hombro de mi abuelo.

Un día, en el bar o taberna del pueblo, le dieron a beber unos sorbos de vino, con el resultado de que el pobre pájaro murió intoxicado. Y con ello acaba la historia del cuervo y mi recuerdo de ella, recuerdo extrañamente no compartido por ninguna de mis hermanas, aunque a uno de mis cuñados sí que le suena.

¿Me lo habré imaginado yo todo? La propia historia, el que me lo hubiera contado mi padre, la suerte del cuervo... A estas alturas cada vez me resulta más difícil distinguir los recuerdos de la imaginación.

4 comentarios:

Mauro dijo...

Vi same opinias pri korvoj kiel Baldur Ragnarsson, en lia venontpoemara versajxo:

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Korvoj

Hodiaŭ dum promeno frumatena
mi vidis korvon, amikon jam de jaroj,
sidantan sur la fosto de lanterno
ankoraŭ pallumanta. Per raŭka krio
ĝi min rekonis, levis dignopeze
flugilojn vastajn por majesta ŝvebo
trans la tegmentojn de proksimaj domoj.

Jam frostas sur la montoj, mi ekpensis,
kaj iris plu medite pri la roloj
de tiuj nigraj birdoj en poetiko
antikve kaj poste.
Jen konvencioj
sekvendaj al poetoj priskribantaj
batalojn de herooj, tie korvoj
ĉiam proksimas al la malavaraj
donantoj de kadavroj; kaj jen simboloj
vesignaj en poemoj kaj rakontoj
groteske romantikaj, kaj tiel plue.

Sed miaj korvoj estas ne simboloj,
fizike vivaj ili estas, kunvenantoj
sur rokoj antaŭvintre por dividi
inter si bienojn, nutrofontojn
homloĝajn, ankaŭ en ĉi tiu urbo.
Mi ŝatas tiujn birdojn, neperturbeblajn
de la trafik’ matena, observantajn
kun digno, sobre, la strangajn manierojn
nervozajn de la homoj, infiniton
ili sugestas per nigro kaj majesto
kongrue kunesencaj, liberaj fine
de konvenciaj muldoj poetikaj.

Pro tio mi salutas mian korvon
per vortoj senpretendaj, senafektaj,
kiel naturo diktas, kaj ĝi meritas.
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Tre bela poemo, miajugxe.
Amike,
Mauro Nervi

Emily dijo...

Una refleccion fina e impresionante.

Jorge, me gusta tu blog...

Jorge dijo...

Hola, Emily

Gracias por tu comentario. Ojalá pudieras leer también el poema escrito originamente en esperanto por Baldur Ragnarsson, poeta islandés, en el que habla de los cuervos reales que él ve día tras día, distintos de los cuervos simbólicos, legendarios o mitológicos (algo así como el tigre y los tigres de Borges).

Y tú, ¿tienes un blog? ¿nos conocemos?

Edward "The Pushpin" dijo...

¡También me encantan los cuervos! Y seguramente un poquito más gracias a el poema de Edgar Allan Poe.