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7.9.10

el tiempo

"[Si el tiempo es una dimensión] un acontecimiento 'pasado' no 'deja de existir' sino que permanece en su lugar según esa dimensión - igual que en un relato provisto de significado (un mito)."

(del blog de Ken Miner, entrada de 23.08.2010)

20.2.10

constrúyete a ti mismo

He llegado a la conclusión de que no quiero construir nada en la vida. Al menos, nada pretendidamente importante, con vocación de duradero.

(imagen de Wikimedia Commons)


Otra cosa son los pequeños proyectos, los planes de poca envergadura. Como querer leerme los libros que abarrotan las estanterías de mi casa, demasiados ya para los años que tengo, a ver si así, leyéndolos, poco a poco consigo ir desprendiéndome de ellos.


Otra empresa, más modesta y por tanto quizás realizable: transformar en poemas las ideas o imágenes anotadas con diminuta letruja en la agenda que llevo siempre en el bolsillo. Creo que con esto, de momento, acaban mis ambiciones.

2.2.10

2012

"Nuestra juventud es decadente e indisciplinada. Los hijos no escuchan ya los consejos de los mayores. El fin de los tiempos está próximo."

(Anónimo caldeo, hacia el año 2000 a.C.)

31.12.09

tiempo al tiempo

Escribe César Mallorquí en una entrada de su blog: "En fin, dado que, según una opinión muy extendida en Internet y entre los mayas, sólo faltan dos años para el fin del mundo, ¿por qué no aprovechamos el tiempo que nos queda? Ahora que lo pienso, creo que ese es un buen deseo para el año que comienza: vivid como si sólo os quedaran dos años de existencia. Haced lo que nunca os habéis atrevido a hacer y decid todo lo que hasta ahora os habéis callado. Y, si después de eso no os han metido en la cárcel, ¡feliz año nuevo!"

A lo que yo le respondo con un breve comentario: "Igualmente, César... pero yo por mi parte haré como si me quedaran dos mil años de vida, para no agobiarme." Idea que ya recogía en parte al menos otra entrada de mi blog, y creo que ya en otra ocasión critiqué la lectura capitalista y consumista que se hace ahora de la expresión carpe diem: (mal)gastar y (des)aprovechar el tiempo, incluso invertirlo...!!!


29.12.09

¿Es usted creyente?

-¿Es usted creyente?
-No, soy pensante.



[leído aquí]

29.1.09

zeuses no hay

Cito unas líneas de la última entrada en el blog de John Brown:

"A la divinidad se le pueden pedir favores y gracias, se la puede aplacar cuando se la supone enojada. Esto es posible porque la persona religiosa supone que Dios comparte con nosotros el lenguaje y en buen medida la propia condición humana. La divinidad se pone así en el lugar de un universo mudo al que no cabe hacer ningún tipo de demanda. Ofrece la tranquilidad relativa que da un interlocutor supuesto al que se puede dirigir una demanda, pero al mismo tiempo, conserva la inmensa superioridad y la inabarcabilidad para el hombre que tenía la naturaleza. De ahí que la confianza y la esperanza en Dios estén inseparablemente unidas al terror que suscita la impenetrabilidad de sus designios."

14.1.09

entradas

Como podréis observar por esta foto que Chen tomó de mí en Venecia, además de zampar y brindar también escribo, y tengo entradas...

De hecho, a fuerza de escribir chorradas, elucubraciones y otros onanismos mentales, son ya 200 las entradas de este blog. Gracias por vuestra paciencia. Seguiremos incordiando.

7.1.09

vuelta a la anormalidad

Ayer volvimos de Mallorca, tras pasar seis días con las familias de mis dos hermanas. Diréis que me repito, pero estoy seguro de que esta vez no soy el único que ha puesto algún que otro kilo de más durante las fiestas. Para no defraudaros, y antes de soltar el rollete seudofilosófico o seudosociológico (quizás debería decir "ociológico"), primero os obsequiaré con imágenes de unas estupendas sopas mallorquinas...


... de una hoja de limonero cubierta con finísima masa de buñuelo...


... de un pastel casero (y contundente) de higos y nueces...


... o de las naranjas y limones del huerto de una de mis hermanas...


Volviendo al tema de las navidades y el año nuevo, lo de menos es el pretexto; lo importante es celebrar: brindar, brincar, charlar, divertirse, repartir besos... En Nochevieja o en Torrevieja, tanto da. Pero sin obligaciones. Y a quien no le apeteciera o prefiriese una cena tranquila, o en fecha no tan señalada, nada que objetar.

Lo curioso es que todos los años dediquemos, entre pitos y flautas, un mes entero a las fiestas de fin de año, desde principios de diciembre (con los preparativos mentales, lumínicos, viajeros etc) hasta Reyes. Es decir, la duodécima parte del año, y por tanto de nuestras vidas, la consagramos a esta fiesta que se repite cíclica y estacionalmente, con el solsticio de invierno. Paganismo puro.

Sumemos a ello el otro mes (agosto) en que casi todo se paraliza, y ya tenemos un sexto de nuestras vidas dedicado a pensar en otras cosas, a evadirnos y distraernos (y ello sin incluir el fútbol, los nacionalismos y otras religiones de diverso pelaje). ¿Existencialismo intuitivo?

Tal vez lo normal sea eso, y no el trabajar siete u ocho horas al día veinte días al mes para que las empresas y la banca hagan sus cuentas. Pero, en fin, aquí estamos de nuevo, de vuelta a la anormalidad cotidiana.

Me despido con una imagen capturada en el centro peatonal de Manacor. ¿Será un mensaje de los dioses? De ser así, ¿de cuáles?

15.6.08

palabras


Palabras

"Las palabras tienen poder, tienen fuerza."
"Las palabras se las lleva el viento."

"Las palabras uno las dice, aunque a menudo
también ellas a uno."

"Hay quienes se aferran a las palabras
como a reliquias o a huesos de otra especie."

"Otros vuelven las palabras como un guante,
oyen negro donde dijiste blanco,
blanco donde negro."

"Para otros, tus palabras sobran o escasean."

"Las palabras ocupan el lugar de realidades,
pero cada uno las comprende a su manera,
antojo o necesidad."

"Las palabras dan fe." "Las palabras traicionan."
"Las palabras se legan a quienes han de malentenderlas."

"No se puede vivir sin palabras."
"Las palabras llenan el vacío entre el parto y la muerte."

"Las palabras inundan, invaden el cerebro de un recién nacido
como algas tóxicas un mar puro y virgen."

"Sólo las palabras pueden defendernos de palabras
o quizás sólo el silencio."

Las palabras, ¿se las lleva el viento?
Las palabras, ¿tienen poder, fuerza?


Madrid, 13-14.6.2008

17.2.08

rongorongo

Algunos lectores de este blog, o de los correos electrónicos que se corresponden con sus entradas, me dicen de vez en cuando que no comprenden tal o cual texto, este o aquel poema etc. No hay por qué preocuparse. A veces, yo tampoco los entiendo.

28.1.08

el tiempo

A continuación, un relato hiperbreve de Jaume Palau i Banús, publicado en el libro Quince líneas:


La influencia de la literatura

Leyó en su juventud: "Vive cada momento como si fuera el último". A partir de aquel instante su existencia toda se transformó en una larga, penosa, agonía. ¿Quién puede negar la extraña influencia de la literatura sobre la vida, o, al menos, sobre algunas vidas?


12.1.08

ideas y creencias


Hace tiempo que quiero leer este libro:


... aunque "alguien bien informado" me ha dicho que retoma ideas de otros autores sobre el mismo asunto sin reconocerlo; dos ausencias especialmente llamativas, por cuanto se trata de obras de referencia indiscutibles (que, para colmo, no son en absoluto ajenas a la línea argumental de "Metáforas que nos piensan"), serían la obra de Mary Hesse, y en especial su libro "Modelos y analogías en ciencia"; y la otra, "La metáfora viva", de Ricoeur. Reconozco que, hablando desde un punto de vista estrictamente personal, ni las he leído ni me sonaban de nada.

Os dejo con una cita de un artículo de Lluís Codina:

"Las creencias son una clase de ideas muy especiales, porque no somos conscientes de ellas y, sin embargo, determinan nuestra concepción de las cosas, de tal manera que son las creencias las que nos poseen a nosotros y no al revés."

5.1.08

piedras caídas del cielo

Aunque no esté directamente relacionada con su contenido, he elegido para ilustrar esta entrada la obra "La nona ora", del artista italiano Maurizio Cattelan, muy polémica en su día:


Pero yo quería hablaros de otra cosa. Antesdeayer [ya sé que esta palabra no aparece en muchos diccionarios; peor para ellos], el jueves 3 de enero, hacia las once y cuarto de la mañana, el escudo de cemento que coronaba el número 29 del paseo de Recoletos, edificio propiedad de la empresa aseguradora Mapfre, se desprendió de la cornisa y cayó a la calle desde una altura de siete pisos o 25 metros, matando a Cristina Jávea, una mujer valenciana de 41 años de edad que paseaba por Madrid en compañía de su amiga de la infancia Pilar Monteagudo, que resultó ilesa.

41 años; los mismos que tengo yo cumplidos cuando escribo estas líneas.

Una posible interpretación de los hechos, similar a la del punto de partida de la novela corta "El puente de San Luis Rey" de Thornton Wilder, sería: "Algo habría hecho. El escudo de cemento no cayó por casualidad justo en el momento en que esa persona precisamente (y no otra) pasaba por debajo. Dios lo ha querido. Es la voluntad del Señor."

No muy distinta de lo que expresa la palabra árabe "mektub": "Estaba escrito". Es decir, "Era su destino. Tenía sentido."

Claro que también se puede plantear de otra manera: "Desde el punto de vista de la física atómica no hubo tal colisión, pues los átomos del escudo y de la cabeza no chocaron unos con otros. Se trata de una ilusión. Tanto el edificio como la persona no son sino ondulaciones de un mismo mundo físico. Todo está en contacto con todo, por mediación de los átomos del aire y de infinidad de ondas y corpúsculos. No hay partes, ni individuos, razón por la cual lo único que cesó es la ilusión de conciencia y de permanencia que tendemos a llamar 'persona', 'identidad', 'yo'."

O bien: "Todo lo que ocurre en el cosmos, por el mero hecho de ocurrir, es necesario. Por tanto, nada importa, nada está bien ni mal, ni el asesinato de un peatón en Kenia, ni la violación de un niño por un cura, ni la destrucción sistemática y escalonada de Palestina. Simplemente, lo que es, es. No hay, pues, que alegrarse o entristecerse por nada, sino aceptar cuanto ocurra como acontecimientos o sucesos de este mundo."

En mi opinión, ninguna de las pajas mentales que acabo de mencionar, tan difundidas unas y otras entre millones y millones de personas, se refieren al accidente del jueves 3 de enero. Al hecho de que, antesdeayer, un escudo de cemento desprendido de una fachada mató en plena calle a una valenciana de 41 años.

30.11.07

el cascarrabias


Supongo que, al leer la entrada anterior ("felicidad a raudales"), más de uno habréis pensado: "ya está aquí el cascarrabias de Jorge con el mensaje antinavideño de todos los años"; "alegra esa cara, chico, se te nota bastante crítico y cínico"; o algo por el estilo. Hay veces que uno ya tiene el texto a punto de caramelo en la cabeza antes de sentarse ante el teclado del ordenador. En este caso, se fue gestando a medida que lo escribía, sin duda influido por la fotografía de Bush, Hu y Putín disfrazados de pitufos.


Pues bien, independientemente del derecho que todos tenemos de criticar lo que nos disguste, el motivo era otro. En la película "Mataharis", uno de los personajes decía: "Vivimos muchos años con alguien y luego no sabemos ni lo que piensan, ni lo que hacen, ni lo que desean". Eso, que puede sucedernos con nuestra pareja después de un breve o largo período de tiempo, también ocurre con familiares (para empezar, con nuestros padres o hijos) e incluso con los mejores amigos. Hay días en que uno se siente incómodo, descolocado, deprimido o como sea, pero no lo expresa de modo explícito, hay que adivinarlo por gestos leves y palabras aparentemente sin importancia; de hecho, puede que la propia persona tampoco sea consciente de ello, pero que sin embargo esté buscando de algún modo el dar salida a esos sentimientos o sensaciones que lo turban.


Sólo quería decir eso, que yo tampoco soy de piedra. Por cierto, el fulano con cuya cabeza ilustro esta entrada se llama Antístenes.

15.9.06

"El viejecito"

El viejecito

La postura del loto
requiere no menos esfuerzo
que la de un mesías en la cruz
o un profeta a lomos de una mula.

Quienes practiquéis el zen:
dejadlo y poneos en pie
como este viejecito de aspecto dormido
en cuya frente serena se lee con letra diminuta
el libro del tao.


Bruselas, 11.9.2006

30.12.05

"mensamientos"

Hoy me he levantado con ganas de escribir. Llevaba dándole vueltas en la cabeza durante la noche, puede que incluso desde antes. Hace un rato lucía el sol, pero se ha vuelto a cubrir, así que supongo que, como los dos últimos días, hoy también lloverá. Antesdeayer (empleo esta palabra pese a lo que diga la Academia) cayó la primera lluvia; más que armarme de valor, me desarmé de pereza, cogí la bici (¡hola, Ale, gran poeta argentino!) y me lancé a recorrer un Pingtung distinto (según la televisión: temperatura de entre 18 y 24 C, y 60 % de humedad): además de las habituales familias de 3, 4 ó incluso 5 miembros encaramados todos ellos a lomos de una moto de ciudad, el invierno taiwanés permite ver a otros motoristas que circulan con el paraguas abierto... Y qué grata sensación la de cobijarse bajo los viejos techos de madera del pequeño templo de la familia Hsiao ("mi templo"), con la pintura descascarillada por la intemperie, mientras la lluvia ligera moja mansamente el patio interior, entre los altares dedicados a los ancestros y la entrada principal.

Ayer por la tarde Atia, el hermano menor de Chen con el que compartimos casa, apareció por aquí por la tarde con dos raciones de sopa de tallarines finos con ostras, empanadillas de carne a la plancha y otras cosas para picar. Nada que objetar si no fuera porque habíamos quedado para cenar más tarde con otros amigos suyos y con Chen, cuando ella volviera del trabajo. Ah, entre Atia y la tía de Chen que tiene la desayunería, me van a matar cebándome... Fuimos más tarde al puesto de comida que lleva un amigo suyo y allí, en la trastienda, a la vista de los viandantes compradores y consumidores de sus viandas, sentados a una mesa baja sobre sillas de plástico para niños, entre niños y otros adultos relacionados de algún modo con el negocio; allí, digo, nos pusimos a cenar Atia, sus amigos Apiong y el del puesto, y yo, picoteando todo tipo de alimentos cocidos en salsa de soja y mojados en diversas salsas, con una botella de güisqui escocés que fue cayendo entre los cuatro a lo largo de la noche; Chen llegó más tarde, le dio un sorbo a mi vaso creyendo que era cerveza (aquí se le pone hielo a las dos bebidas), e inmediatamente se fue al puesto de al lado a por un zumo multifrutas.

La que no vino fue Hsiaoma (literalmente, "Caballito"), la novia de Atia; hace más o menos una semana que falleció su madre y, aunque no va vestida de luto, no puede "salir" con amigos hasta finales de enero. Estuvo con nosotros un rato en nuestra casa, luego fuimos los tres en el coche de Atia para dejarla a ella en la suya, y entonces él y yo continuamos la ruta camino del puesto de comidas del que os hablaba en el párrafo anterior.

Hasta que llegó Chen, tuve que hablar chino todo el rato, durante casi un par de horas. Cada vez voy soltándome y entendiendo más, aunque me falta muchísimo antes de llegar al nivel de principiante; incluso en taiwanés voy pillando ya algunas palabras. De todos modos, en muchos momentos, cuando no me esfuerzo por comprender ni tan siquiera lo intento; por ejemplo si la televisión está encendida y dan un programa que no me interesa; o si hay una conversación fluida entre varias personas, como colegas de Chen acerca de otros colegas o de su trabajo; entonces, digamos que desconecto y que la escucha desatenta del chino, en lugar de frustrarme, tiene en mí casi el efecto balsámico de un mantra.

Con lo que llegamos al tema que quería tratar. Etimológicamente, "mantra" significa "instrumento para pensar"; en la práctica, se trata más bien de una palabra (por ejemplo "Om") o serie de palabras por medio de cuya repetición constante se logra no pensar. En eso consiste la meditación. En "Occidente" (entrecomillo expresiones que resultan útiles como abreviatura pero que no hay que entender al pie de la letra; en sentido estricto, Occidente "no existe") tendemos a creer que la meditación es cosa de gurúes y jarecrisnas. Ahora bien, y sin confundirla con la reflexión, casi todo el mundo realiza este tipo de meditación en la que desconectamos el pensamiento, lo que pasa es que no la reconocemos como tal y tampoco nos damos cuenta de lo que nos sucede en esas ocasiones. Cuántas veces nos ha ocurrido que alguien nos pregunta "¿En qué piensas?", y nosotros respondemos "No, en nada, tenía la mente en blanco..."; estábamos absortos más que ausentes; el cerebro, sin estar apagado o dormido, sigue funcionando pero, en lugar de pensar, simplemente respira, late, vive. Ah, envidiable estado de beatitud en el que no es preciso pensar. Yo ahora intento provocar esos momentos de vacaciones mentales. En teoría, en esos instantes, nuestro pensamiento está en todo y en nada; mi cerebro, de momento, sólo llega a la nada, a menos que yo mismo, en mi inexperiencia, no me percate de otros niveles de conocimiento.

"La funesta manía de pensar". La mente no existe; quiero decir que no podemos hablar de "la mente" como entidad, individuo, sujeto u objeto. Como dice Steven Pinker, la mente es la actividad de un órgano corporal, el cerebro. No es que tengamos, perdamos o recuperemos "la visión" como quien tiene, pierde o recupera un billete de 5 euros: vemos, dejamos de ver, volvemos a ver. La visión es el nombre que damos a la actividad del ojo; la mente, el que damos a la del cerebro. Una metáfora más. En realidad, no tenemos mente: "menteamos" o, si me permitís un neologismo más audaz, "mensamos". Y lo interesante es dejar de "mensar".

Tanto el budismo como el taoismo llevan siglos advirtiendo sobre otra peligrosa ilusión, la de la existencia del "yo" como ente estable, continuo, idéntico a sí mismo o consigo mismo a través del tiempo.

Cito ahora fragmentos de la automentalografía "Tarokoj kaj epokoj" (en esperanto: "Cartas de tarot y épocas"), de Christian Declerck, que me acabo de terminar, nada menos que 654 páginas:

"[La ilusión del yo] complica la existencia por medio del deseo constante de placer, éxito, seguridad, confort, y del miedo a la soledad, el dolor y la tristeza."

"[El mantra] Es sólo un medio, una herramienta para silenciar de una vez por todas el ruido del cerebro, para detener el pensamiento, ese flujo de pensamientos mecánico, involuntario, no dirigido e incontrolable que nos arrastra sin orden de uno a otro tema, de uno a otro asunto, sin fin. Dominar la mente, no pensar, ¡qué difícil!"

El cerebro, que en los primeros homínidos tenía como función principal la de buscar comida ("yo matar mamut") y encontrar pareja para la procreación ("..."), ha evolucionado hasta un nivel de complejidad y capacidad increíbles; ahora bien, resuelto el problema del alimento mediante las jornadas de 8 horas, a nuestro cerebro ocioso le sobran capacidad y tiempo libre; su actividad, la mente, se dispara; cuando pensamos o mensamos, aunque lo hagamos con imágenes, recurrimos a estructuras discursivas, narrativas, lingüísticas; si la personificamos por un momento como metáfora, la mente sería ese enanito parlanchín que todos llevamos dentro, que no deja de hablar en todo el día, de crear, complicar y marear problemas, y al que lo mejor que podríamos hacer es decirle de vez en cuando "cállate de una puñetera vez".

Por desgracia en "Occidente" se le ha hecho demasiado caso a Descartes y a su "cogito ergo sum" (pienso luego existo, o: pienso luego soy). Pues no, señor, ni "ergo" ni nada. Pienso luego no soy. No pienso luego soy. (Quizás en ambos casos sería mejor decir "estoy", pero eso nos daría para un par de libros.) O, en versión coloquial: pienso luego estoy jodido.

Es la trampa de la mente, de los "mensamientos", de las palabras. Todos sabemos cuánto daño pueden hacer las palabras, daño intencionado, involuntario o contrario a nuestra voluntad. Y cómo nos liamos y enredamos con nuestras ideas y constelaciones de ideas, con las expectativas, frustraciones, exigencias absolutamente innecesarias y contraproducentes.

Pues bien, la idea que me ronda últimamente (toda esta frase es otra gran metáfora) es que, para no volvernos locos, la mayoría de la gente realizamos gran número de actividades como mantra, para no pensar. Las prácticas religiosas (rituales, oraciones etc) son el mantra perfecto siempre y cuando no se crea en ellas (creer es pensar) sino que se lleven a cabo con espontaneidad y naturalidad. La cita recurrente de las fiestas de fin de año o navideñas es otro gran mantra. Como lo es el consumismo; con la salvedad de que repetir ciento cincuenta mil veces la sílaba "Om" es menos dañino para el medio ambiente que el fundido masivo de tarjetas de crédito en las cajas de tiendas y grandes almacenes. Es mantra ver la tele, e ir al cine, aunque a veces ambas cosas nos lleven a pensar. Yo reconozco que en el cine puedo desconectar la fábrica de pensamientos y tragarme casi cualquier cosa; con la lectura, en cambio, me resulta más difícil no pensar, aunque a veces me sucede que leo un artículo o una página y me doy cuenta de no haberme enterado de nada, de no haberle prestado atención: meditación pura.

Mantras hay por todas partes: el sexo, los niños, el sudoku, la obsesión por las identidades colectivas, el futbolismo, la buena mesa, el esperanto, la violencia (para algunos brutos), la música, sí, la música... En definitiva, la vida como mantra: la vida es mantra.

Espero que no se os indigeste esta gran paja mental con la que voy dando por concluido el 2005. Pasadlo bien, nos vemos el año que viene.